Estamos cansados de oír las excelencias de la formación en la empresa. Mejor dicho, de la formación de los componentes de la empresa, de los empleados, de los directivos… Pero generalmente es una formación basada en acciones procedentes del exterior de la propia empresa: cursillos, conferencias, etc. Esos cursillos suelen ser standard y raramente diseñados en función de las necesidades de la empresa.
El título de este cometario (IN-formación) pretende aproximarse a la idea de la formación dentro de la empresa. El prefijo IN es polisémico, unas veces tiene carácter negativo (inepto, ineficaz, inútil…) y otras positivo (incentivo, incitante, incumbencia). En el caso de información tiene un carácter descriptivo por cuanto convierte la formación (considerada como algo subjetivo) en el resultado de transmitir ideas a los demás.
La genuina formación en la empresa ha de basarse en su propia personalidad: historia, estructura, interacción de los distintos elementos de la empresa. De los directivos, mandos medios, empleados, clientes, proveedores y las autoridades y la sociedad en general. Toda esta dinámica interior y exterior, aparte de los aspectos técnicos de cada puesto de trabajo, debería ser objeto primordial de la formación. En la empresa pequeña e incluso mediana, esto es fácil por cuanto las relaciones entre mandos y empleados son directas y fluidas. La formación interna, en este caso, puede planificarse con la participación del personal veterano, con experiencia y conocimientos técnicos. En la gran empresa habría que recurrir a unos profesionales especializados que valoren las necesidades y planifiquen las actuaciones encaminadas a la formación dentro de la propia empresa.
Los planes de formación permanente son imprescindibles, deben ser evaluados seriamente por la dirección y responder a criterios de necesidad y eficacia. De nada sirve “cumplir el expediente”; todo lo contrario, la formación “a granel” es desmotivadora e ineficiente.
Asociada a la formación y como complemento de ésta, debería ocupar un objetivo preferente del empresario, la información. Una buena información facilita el conocimiento, por parte del personal, de las normas y protocolos de la empresa, de sus valores, retos, logros y por qué no amenazas y fracasos. En demasiadas empresas encontramos en la máquina del café la principal fuente de información y ésta, evidentemente no distingue entre bulo o realidad, ni entiende de prioridades.
No olvidemos tampoco la información hacia arriba. ¿Cuántas veces nos encontramos con sorpresas desagradable por no contar con información de lo que piensan ó hacen nuestros colaboradores?. Pérdida de talento, falta de calidad, problemas de servicio. Revisemos también esos canales de información ascendente.
En resumen, IN-formación como formación ad intra y como comunicación entre los componentes de la empresa son dos pilares fundamentales en su buena salud económica y social.
Pedro A. Cepeda Fernández
